Los gobiernos de México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo para cumplir con el Tratado de Aguas de 1944, mediante el cual México se comprometió a entregar 431.5 millones de metros cúbicos de agua del Río Bravo al estado de Texas durante el periodo 2026-2030.
El acuerdo se da en un contexto de sequía extrema que afecta a la cuenca del Río Bravo y busca garantizar una gestión ordenada y previsible del recurso hídrico entre ambos países.
Compromiso bilateral y soberanía
El Gobierno de México subrayó que el cumplimiento del Tratado de Aguas de 1944 salvaguarda los intereses nacionales, al tiempo que protege las actividades productivas y agrícolas, priorizando el derecho humano al agua y a la alimentación para las comunidades mexicanas.
De acuerdo con el comunicado oficial, el plan acordado establece una ruta técnica clara, basada en los mecanismos previstos en el tratado, y fue resultado de un trabajo conjunto técnico y político con respeto pleno a la soberanía de ambas naciones.
Reacciones desde Estados Unidos
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, señaló que el acuerdo representa una victoria para los agricultores y ganaderos de su país y reconoció los esfuerzos del gobierno mexicano.
“Agradecemos los constantes esfuerzos de la presidenta Claudia Sheinbaum por cumplir con las responsabilidades de México en virtud del Tratado del Agua de 1944”, expresó Rubio a través de redes sociales.
Desde Washington, el acuerdo fue presentado como parte de los compromisos cumplidos por la administración del presidente Donald Trump con el sector agrícola estadounidense.
Plan técnico para enfrentar la sequía
El acuerdo contempla una cantidad mínima anual de entrega, la cual se ajustará a las condiciones hidrológicas de la cuenca del Río Bravo. Además, México priorizará el abastecimiento de agua para consumo humano y la producción agrícola nacional.
El Gobierno federal destacó que este entendimiento permitirá fortalecer la gestión compartida del agua, avanzar hacia una planeación de largo plazo e incorporar infraestructura y medidas de adaptación frente a los efectos del cambio climático y la sequía prolongada en la región fronteriza.
Con este pacto, ambos países reafirman la vigencia del Tratado de Aguas de 1944 como un instrumento clave para la cooperación bilateral en materia hídrica.